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Acaba de confirmarse algo que muchos creían imposible: El Mencho, el narco que durante años logró mantenerse fuera del alcance de autoridades mexicanas y estadounidenses, finalmente fue capturado. Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, cayó el domingo pasado en un operativo del Ejército mexicano en las sierras de Jalisco, el territorio que había convertido en su fortaleza.
Para entender por qué esto es un hito tan significativo, hay que retroceder y ver quién era realmente este personaje. El Mencho no era solo otro narcotraficante; llegó a ser considerado el criminal más poderoso del mundo en los últimos años. Mientras que figuras históricas como Pablo Escobar, el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada eventualmente fueron capturados o murieron, el Mencho logró algo diferente: construyó un imperio que se expandió sin precedentes.
Lo fascinante es cómo llegó a ese punto. En la década de 1980, el Mencho era solo un joven de 20 años vendiendo heroína en San Francisco cuando fue arrestado. Cumplió tres años de cárcel y parecía ser uno más entre miles de delincuentes. Pero cuando salió, no se quedó quieto. Se infiltró en el Cártel del Milenio, donde encabezó operaciones contra los Zetas, uno de los grupos criminales más brutales de México. Esa victoria le valió el apodo de mata-zetas y lo posicionó como un jugador serio en el narcotráfico mexicano.
Lo que realmente cambió el juego fue su matrimonio con Rosalinda González Valencia. A través de ella, el Mencho selló una alianza con Los Cuinis, una familia que controlaba las finanzas del crimen organizado. Juntos transformaron el Cártel Jalisco Nueva Generación de una organización regional en una máquina transnacional de tráfico de drogas. Para 2017, el entonces fiscal general estadounidense Jeff Sessions declaró públicamente que el CJNG era una de las cinco organizaciones criminales más peligrosas del planeta, junto con el Cártel de Sinaloa y otras.
El alcance de la operación era descomunal. El Mencho estableció rutas que llegaban a Estados Unidos, Europa, América del Sur, Asia y África. Su red traficaba cinco toneladas de cocaína y cinco mil kilos de metanfetamina mensuales solo hacia el norte. La violencia que desplegó fue proporcional a esa ambición. En 2016, sus sicarios irrumpieron en un restaurante de lujo en Puerto Vallarta y secuestraron a dos hijos del Chapo Guzmán en una operación que duró apenas dos minutos. El Chapo pagó dos millones de dólares para liberarlos. Ese acto marcó el momento en que agentes de la DEA comenzaron a decir: antes era el Chapo, ahora es el Mencho.
Lo que hacía particularmente peligroso al Mencho era su disposición a la ultraviolencia combinada con su capacidad de mantener un perfil bajo. Mientras que otros narcos buscaban la fama, él prefería operar desde las sombras. Sus venganzas eran brutales: en 2017 asesinó al periodista Javier Valdez; en 2018 atentó contra un exfiscal en Guadalajara; en 2019 fue vinculado al accidente de helicóptero que mató al secretario de Seguridad de Michoacán. Incluso cuando la DEA lanzó un megaoperativo en septiembre del año pasado que resultó en 670 arrestos, incautó casi 19 millones de dólares en efectivo, 92 kilos de fentanilo, 1.1 millones de pastillas, seis toneladas de metanfetamina y 22 toneladas de cocaína, el Mencho siguió operando.
La recompensa por su captura llegó a 15 millones de dólares, más que la ofrecida por el Mayo Zambada. Incluso después de que su esposa Rosalinda fue arrestada en 2021 acusada de lavado de dinero, el Mencho no se inmutó. Su hija Laisha secuestró a dos marineros mexicanos en represalia. Para muchos, parecía invencible.
Pero los gobiernos mexicano y estadounidense nunca dejaron de buscarlo. El operativo de este domingo en las sierras de Jalisco finalmente logró lo que parecía imposible. La captura del Mencho representa no solo el fin de un criminal, sino el cierre de una era en el narcotráfico internacional. Aunque su organización seguirá existiendo, la desaparición de su líder marca un punto de inflexión que probablemente redefinirá el panorama del crimen organizado en México y más allá.