Acabo de notar algo que probablemente pasamos por alto cada vez que vamos al supermercado. Ayer estaba en una tienda aquí en California y vi el carrito típico de cualquier familia: aguacates, fresas, tomates, cerveza, tortillas, una playera para el niño. Nada que parezca especial, ¿verdad? Pero aquí está lo interesante: buena parte de eso que acabas de meter al carrito ya recorrió cientos de kilómetros. Salió de un invernadero en Michoacán, cruzó la frontera por Laredo hace apenas unos días, y ahora está en tu cocina. No es casualidad que cuando termina el invierno en California y la gente empieza a buscar productos frescos, los supermercados estén llenos de oferta. Es toda una máquina binacional funcionando sin que nos demos cuenta.



Los números detrás de esto son impresionantes. Estados Unidos importó 505 mil millones de dólares en mercancías desde México en 2024, lo que convierte al país en nuestro principal socio comercial. Pero lo más relevante es el sector agrícola: 72.5% de lo que importamos de México son verduras, frutas, bebidas y destilados. México nos provee 63% de todas las verduras frescas que consumimos y 47% de las frutas y nueces. En otras palabras, sin ese flujo constante desde el sur, nuestros refrigeradores estarían bastante vacíos en ciertos meses.

Lo del aguacate es particularmente revelador. Cerca del 80% de los aguacates que consume Estados Unidos vienen de México. Piénsalo: ese guacamole del Super Bowl, esos aguacates tostados del brunch del domingo, esos bowls "saludables" que ves en cualquier café de las grandes ciudades... todo eso empezó su viaje en el Bajío o el occidente de México. Y no es solo comida. La cerveza mexicana domina el mercado de importaciones: 84% de la cerveza que importamos viene de allá. En la ropa, en los electrodomésticos, en los autos que ves en los suburbios, hay componentes mexicanos. Algunos de esos autos fueron ensamblados completos en Guanajuato o Coahuila.

Ahora bien, todo esto es posible por una razón muy concreta: la infraestructura en la frontera, especialmente en Texas. Port Laredo se ha convertido en el puerto de entrada número uno del país por volumen comercial, canalizando alrededor del 44% de todo el comercio bilateral. Cada día, miles de camiones cruzan por esos puentes llevando alimentos frescos, manufacturas y bienes de consumo. Una porción cada vez más grande corresponde a cargas de cadena fría, que ya superan los 5 mil millones de dólares anuales. Lo que para nosotros es rutina, para esa región es una operación logística de precisión binacional.

En las últimas dos décadas, las importaciones hortofrutícolas desde México se multiplicaron. Pasaron de un promedio anual de 7,300 millones de dólares a 19,700 millones. Eso explica por qué hoy podemos tener frutas y verduras frescas todo el año, incluso en invierno. La cadena fría está tan especializada que mantiene la calidad y frescura de productos que viajan miles de kilómetros. Es una relación de ida y vuelta: nosotros importamos productos agrícolas, ellos importan de vuelta tecnología, insumos y bienes de consumo en proporciones equivalentes.

Detrás de cada carrito del supermercado hay una historia de cooperación, infraestructura y confianza compartida entre dos países. Es uno de esos sistemas que funciona tan bien que casi no nos damos cuenta de que existe. Pero la próxima vez que agarre un aguacate o una fresa en el supermercado, va a ser difícil no pensar en todo lo que tuvo que pasar para que eso llegara a tu mesa.
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