Hace poco salió el nuevo disco de Morrissey y honestamente no sé qué hacer con eso. Make-Up Is a Lie es de esos álbumes que uno preferiría que no existiera: ingenuo, lleno de conspiranoias de internet, sin la menor chispa. Y mira que Morrissey tiene 65 años, nadie esperaba que repitiera Viva Hate o Vauxhall and I, pero cuando escuchas lo que llegó es difícil no sentir que algo se rompió en el camino.



Lo extraño es que Morrissey sigue siendo Morrissey. El tipo que definió la sensibilidad del pop de los últimos 45 años, que escribió Irish Blood, English Heart y First of the Gang to Die, que atacó a Margaret Thatcher cuando era peligroso hacerlo. Ese mismo tipo que durante 2025 canceló aproximadamente la mitad de sus conciertos programados, incluyendo dos veces seguidas el show de Buenos Aires. Noel Gallagher de Oasis contó que se lo cruzó en un bar la misma noche que Morrissey había cancelado un recital por una angina supuestamente misteriosa.

La cosa se pone más rara cuando te enteras de los últimos movimientos. A finales de 2024 Morrissey anunció que había rechazado una oferta millonaria para reunir a The Smiths porque Johnny Marr, su guitarrista y enemigo histórico, la ignoró. Luego salió a la luz que todo era un invento de Morrissey para reavivar una pelea dormida desde hace décadas. La tensión tiene que ver con sus posturas políticas actuales: supuesto acercamiento a Reform UK, la derecha británica. Aunque después aclaró que es apolítico, pero habla de la dictadura del pensamiento único, ataca constantemente a The Guardian acusándolos de campaña de odio, y en abril de 2025 demandó a un usuario de internet por haberlo etiquetado de racista.

Acá está el punto raro: Morrissey construyó su reputación atacando el capitalismo de Margaret Thatcher. Dedicó Margaret on the Guillotine a eso en su primer disco solista. La policía británica le hizo registro domiciliario por la Ley de Sustancias Explosivas porque pensaban que era una amenaza para la Primera Ministra. Cuando Thatcher murió en 2013, publicó una carta abierta incendiaria. Ese era Morrissey.

Así que la pregunta es complicada: ¿qué pasa cuando el tipo que criticaba el fascismo de los años 80 termina pareciendo un boomer rock desorientado? ¿Un mal disco puede servir para entender a un gran artista? Probablemente no. Tal vez lo mejor sea simplemente escucharlo, sin intentar justificar ni repudiar nada. Aunque Make-Up Is a Lie hace difícil eso. Quizá lo mejor sea dejar que pase, hacer como si nada hubiera ocurrido.
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